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Resulta exageradamente frecuente, dentro del mundo de los perros y con carácter generalizado, la consideración de que el adiestramiento de un perro para pruebas de trabajo en guarda y defensa presenta, si no una incompatibilidad absoluta, sí al menos un marcado distanciamiento con lo que las exposiciones de belleza representan. Por otra parte existe un convencimiento de que un perro adiestrado en defensa resulta un ejemplar peligroso en su presentación a una exposición de belleza. Este tipo de afirmaciones y hechos tan popularmente arraigados carecen por completo de sentido, sin más necesidad que establecer una analogía entre los sistemas de adiestramiento que ambas clases requieren para la adecuada participación en pruebas de uno u otro tipo. Utilizando un adecuado sistema de adiestramiento basado en la conversión de refuerzos auxiliares o secundarios en refuerzos primarios para conseguir un estímulo alto y gran motivación, en una buena condición física capaz de permitir al perro resistir el conjunto de solicitaciones a que está sometido en forma de presión sicológica al enfrentarse a las diversas situaciones que se crean en cualquier tipo de prueba, únicamente precisaremos poseer un ejemplar de morfología excelente para poder participar paralelamente en ambos tipos de eventos (trabajo y belleza) y obtener así un desarrollo integral. El motivo de buscar mediante una adecuada preparación un estímulo alto se explica porque el refuerzo que se obtiene en este caso es ambivalente. Resulta frecuente encontrar en exposiciones de belleza conductores que tratan de atraer la atención de su perro mostrándoles comida desde fuera del ring o buscando a su dueño, al que ha perdido de vista por un momento (utilización de refuerzos primarios básicos). Estos planteamientos únicamente sirven para exposiciones de belleza, pues difícilmente podemos preparar una prueba de trabajo reforzando con comida teniendo en cuenta, además, que en éstas es el dueño el que suele actuar de guía. Sin embargo, utilizando un juguete determinado para premiar conductas deseadas, éste se convierte en un refuerzo primario a partir de cierto nivel de motivación, que es el que debemos conseguir a través del adiestramiento. En realidad existen pocos conflictos respecto a las diferencias apreciadas en los dos tipos de pruebas. En ambos casos la cualidad del perro debe ser alegre y elegante, en una prueba de belleza la elegancia del perro resulta en numerosas ocasiones determinante para la obtención de un puesto privilegiado. En ambos casos resulta imprescindible un estímulo alto, ya que de este modo el adiestramiento en cualquier tipo de pruebas resulta de mayor eficacia y sencillez. Por otra parte, en ambos casos podemos utilizar un sistema de reforzamiento basado en intervalos de tiempo variables, siendo determinante tanto la influencia del guía como la condición física del perro en los dos tipos de pruebas, el adiestramiento en pruebas de trabajo, y en particular haciendo especial hincapié a la sección de obediencia, así como la disciplina y el comportamiento ante el figurante, nos permite obtener un control absoluto del perro en cualquier situación, y en particular en una exposición de belleza. Finalmente el adiestramiento correcto en pruebas de trabajo mejora el principio de reacción del animal, resultando más difícil que este resulte agresivo en exposiciones de belleza, sobre todo si utilizamos estímulos discriminativos y evitamos la generalización conductiva en la preparación de estas. Es decir, el perro debe comprender la situación a través de su educación y su experiencia y aprender qué situaciones son agresivas y cuáles no lo son. Por ejemplo, debe fijar el hecho de ladrar ante un figurante estático sin agredirle (ladridos) en una prueba de trabajo y, sin embargo, permanecer inmóvil, sin ladrar, en una exposición de belleza ante el motivador que se utilice. Se puede demostrar que el animal es capaz de fijar estas conductas si el método que se utiliza para conseguirlo es el adecuado. Por otra parte, los pocos conflictos que se pueden presentar se resuelven positivamente aconsejando el adiestramiento del animal en las dos disciplinas pero con mucha honestidad recomendando las edades oportunas, no se puede enseñar guarda a una edad temprana. Entiéndase el ejemplar necesita madurez sicológica y esa se logra en ejemplares de mediano o gran tamaño solo después de los quince 15 meses, atención con eso.
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